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COMENTARIOS Y PENSAMIENTOS DE

DINO DEON

¿HAY QUE SACRIFICAR PLACERES TERRENALES  PARA AVANZAR EN EL CAMINO ESPIRITUAL?


Hay muchos modos de recorrer el camino espiritual: algunos aspirantes comienzan el camino creyendo que para recorrerlo hay que sacrificar los placeres terrenales y otros que creen que no es necesario  hacerlo.
Hay aspirantes que creen que la clave que los impulsará hacia el mundo espiritual consiste en sacrificar los placeres terrenales. Abstenerse de dichos placeres es su dogma y para poder avanzar en el camino espiritual dejan de  fumar, dejan absolutamente de tomar alcohol, se limitan a ingerir comida vegetariana, y se privan de todo aquello que pueda provenir de lo que consideran  su parte animal. Es entonces  a partir de estos sacrificios, abstenciones y prohibiciones que intentan iniciar el sendero espiritual.
Pero no todos los que se proponen esto lo logran, pues algunos se dan cuenta de que no pueden seguir este arduo  camino. Son aquellos que, a poco de andar por el sendero espiritual, toman conciencia de que “no pueden vivir “sin estos placeres terrenales, y abandonan rápidamente  el camino  diciéndose a modo de consuelo; “en este momento de mi vida el camino espiritual no es para mí”.
Y los que logran perseverar en este camino de abstenciones,  la realidad es que podrán avanzar muy pocos pasos en ese sentido. Puesto que lo que ellos creen que los impulsará hacia delante es en realidad aquello  que los retiene, o incluso  los lleva hacia atrás en el sendero espiritual.
El deseo de aquello que ahora se ha vuelto prohibido,  de aquello que han sacrificado, los  mantendrá retenidos. En vez de poder ver hacia delante, hacia donde los conduce su camino espiritual, su vista  su mente y su corazón estarán enfocados, retenidos, anclados,  en esto que intentan  “dejar atrás”.
Se mortificarán, pero no avanzarán mucho en el camino espiritual. Deberán aprender que no es así que se emprende el camino y que determinadas abstenciones no llevan  necesariamente a una elevación espiritual  pues,  por  ejemplo, hoy se sabe con certeza que Hitler era absolutamente vegetariano y que no tomaba bebidas alcohólicas.
Otros creen que no hace falta sacrificar o renunciar a placeres terrenales para comenzar el camino espiritual.
Entre ellos encontramos aspirantes que emprenden  un sendero que  no los enamora totalmente. Por ello considerarán que pueden continuar disfrutando de  todos los placeres del mundo material, es más afirmarán que justamente el poder disfrutar de estos placeres  les da energía para avanzar en un camino tan difícil como es el espiritual. Creen entonces que no deben sacrificar ningún placer terrenal. A partir de esta creencia consideran que  pueden continuar fumando, tomando  alcohol en cantidades elevadas, comiendo de todo y de cualquier manera y cantidad, e incluso que pueden satisfacer cualquier otro tipo de  placeres disponibles para su cuerpo, y al mismo tiempo ser cada vez más espiritual.
Los que esto afirman quizás no perciben que el ser humano para evolucionar debe aumentar la pureza de su ser e incrementar su estado vibratorio para poder  elevarse hacia lo superior. De este modo  no perciben o no quieren percibir que determinados placeres terrenales los encadenan a la materia, los retienen en las bajas vibraciones y en la impureza, y  los vuelven cada vez más densos. Y en ese estado vibratorio  no pueden aspirar a ascender en el camino espiritual más allá de los niveles más bajos del mundo astral.
Otros emprenden el camino, y se van enamorando del camino de un modo especial:   su  vista, su mente, su corazón, y su alma toda, se sentirán atraídas hacia dicho sendero. De este modo comenzará a caminar primero torpemente y luego  con paso firme, y seguro, por el sendero y  percibirá una luz que les atraerá y que los  envolverá suavemente. Irán hacia aquello que aman cada vez más.
¿Y qué sucederá con los placeres terrenales que tanto los  embriagaban?
Estos  aspirantes, a medida que avancen   en el camino espiritual,  poco a poco y sin darse cuenta,   habrán  comenzado a dejar atrás placeres terrenales que antes tanto le atraían.
Dejarán   así  parte de  esos placeres,  en especial los denominados vicios. Los  dejarán,  los abandonarán,  no por obligación, no por sacrifico, no por imposición, simplemente los dejarán atrás, pues ya no les interesan, no les llama la atención, no les producen placer, e incluso les desagradan,  pues son atraídos  por la luz  que irradia sus nuevos  placeres espirituales.
Y habrá otros placeres terrenales que no los dejarán,  pues descubrirán que estaban formados por dos mitades, de las cuales veían y  disfrutaba sólo una,  la parte terrenal.
Ahora podrán saborear también la otra parte, la parte espiritual de estos placeres y encontrarán lo que nunca hubiesen podido encontrar en los placeres terrenales, el saborear dichos placeres en su totalidad, mezcla sublime de lo material unido a lo espiritual.


      DINO DEON

 

NO ES HUMILDAD, ES SABER LA VERDAD

   Cuatro grandes maestros artesanos, cierto día, en distintas ciudades, realizaron cada uno de ellos  una maravillosa Obra. Eran todas  obras muy importantes, todas hechas con indudable maestría. Parecían hechas por la misma mano, precisa y maravillosa, de un excelso artesano.
Fue un Artesano muy orgulloso, el que realizó una de estas Obras, y estaba tan orgulloso de sí que a todos la quería mostrar, mientras contaba como se había inspirado, contaba de las ideas que había tenido, de lo precisa que había sido  su mano, y la genialidad de su cerebro que había concebido la Obra.
Fue un Artesano muy vanidoso, que realizó otra de estas Obras, y  fue realizada con la misma maestría y este vanidoso, cegado en su vanidad, y ante tan magna obra a la vista, hecha por sus propias manos,  a todos quería mostrarla, no sólo para que vean la Obra, sino para que pudieran admirar al  maravilloso artesano que la creara.
Fue un Artesano muy humilde el que realizó la tercer Obra. Este Artesano, no era orgulloso ni vanidoso, y aceptaba los elogios ante tan preciada Obra  sonrojado, y bajando la cabeza, mientras decía: “no es para tanto, no creo que sea tan buena mi obra, cualquiera que hubiese dedicado el mismo tiempo seguramente habría hecho lo mismo”. Así de este Artesano, ni por su boca, ni por su postura, ni por ninguna otra parte de su ser, salía una señal que hiciera notar falta de humildad. Pero si bien este Artesano  por fuera  era muestra de una piadosa humildad, por dentro sabía de la magnífica  obra que él, él sólo había realizado a través de  sus manos, su corazón, y su mente.
Fue un Artesano que sabía la verdad el que realizó la cuarta obra. Era una Obra de la misma magnificencia de las otras tres. Este Artesano viendo la magnífica obra que tenía ante sí, y  que admiraba con profundo respeto, no podía  ni tener orgullo, ni vanidad, ni siquiera humildad, eso no era posible para él, pues él era a el único de los cuatro artesanos que sabía la verdad sobre la creación de dicha Obra.
El sabía, desde lo profundo de su Alma, que esa Obra, no la había hecho él. Sí,  era cierto que  había salido de sus manos, sí, era cierto que la había imaginado en su mente, tanto como era cierto, que había estado meses pensando como ejecutarla, y también era cierto que tanto había trabajado había realizado  para convertirla en algo material, tangible, bello a la vista de todos.
Y por eso fue  que cuando su obra terminó, este Artesano,  lleno de alegría,  simplemente afirmó: Gracias, por la hermosa obra que has hecho a través de mí, mi Dios.
                                 

   DINO DEON

 

 

 

EL HAMBRE DEL ALMA

Mi Alma tenía hambre. ¿pero cómo podía yo saberlo, si ni siquiera sabía que la tenía? Lo confieso: creía entonces no tener  Alma, Alma mía.
Así buscando saciar un hambre que no sabía de dónde venía, busqué comida donde sabía que sí había.
Me alimenté de ese modo no sólo de comida, no sólo de bebida, no sólo de dinero, no sólo de poder, no sólo de arrogancia y orgullo, no, no fue sólo de eso que me alimenté, me alimenté de todo lo que encontré en la tierra mía, incluso me llené de bienes materiales que no necesitaba, ni en realidad quería.
Y mi Alma, esa Alma que ni siquiera yo sabía que tenía, seguía con hambre, y nada de eso la satisfacía.
Así yo seguía con la sensación de profundo hambre, y la felicidad que tanto me costaba comprar me alimentaba  pocos días. Creí así que con la compra de la mejor Ferrari que había, y luego con la compra de  mi inmensa mansión en la colina, finalmente mi hambre se saciaría, pero iluso de mí, hasta en esos momentos mi hambre me perseguía.
Y finalmente llegó el día que pasó lo que yo más temía: empecé a perder lo que tenía, empecé a perder lo que creía que más quería, hasta mi salud se iba, y ese día debilitado en lo que pensaba, sentía y hacía, de pronto, aquello en lo que no creía, apareció ante mí y me enceguecía.
Fue así que finalmente apareciste ante mí, mi Alma, el Alma mía,  y empecé a alimentarte de lo que tú más querías: te di energías espirituales y luz divina,  te di amor, respeto, y sabiduría: y ya sabiendo de donde venía mi hambre y lo que tú querías, comenzamos a hacer buenas obras  todos los días,  pues para eso venías aquí a este mundo, Alma mía. También comenzamos a trasmitir lo que tú sentías y sabías,  ayudando a  aquellos que se acercaban pues ese tipo de hambre tenían. Y así comenzamos a vivir felices,  en paz  y armonía, tú y yo Alma mía.


                                            DINO DEON

 

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¿SE PUEDEN IGNORAR LAS CONSECUENCIAS DE LA REALIDAD?

    "Puedes ignorar la realidad, pero
no puedes ignorar las
consecuencias de ignorar la realidad"
— Ayn Rand

   Analicemos la frase: dice Rand  al final de la cita  que: “no puedes ignorar  las consecuencias de ignorar la realidad", también ella afirma, más arriba,  que “puedes ignorar la realidad”.
Por lo tanto, en esta línea de pensamiento que propone Rand, surgiría la posibilidad de que  la persona que podría “ignorar la realidad”, también podría “ignorar las consecuencias de ignorar la realidad”, dado que cuando estas consecuencias se materialicen y se conviertan en una “realidad”, el podrá ignorarlas fácilmente dado que esta persona: “puede ignorar la realidad”.
Vemos así que una persona puede  pasar por la vida  ignorando tanto  las causas de su realidad como así también los  efectos que provoca esa ignorancia.  Para ignorar los efectos le será tan simple como convertir esos efectos en causas independientes, o asignarles una causalidad distinta. Así lo escucharemos decir  que lo que le sucede está originado en la mala suerte, en la  falta de oportunidades, o en la situación económico social.
También, si tiene suerte,  podrá encontrar la figura ideal del victimario, identificando así a aquel que tiene la culpa de todo lo negativo que a ella le pasa.
Habrá otras personas, que a pesar de estar atentos a la realidad y a prestarle total atención al concatenamiento causal entre la realidad y sus consecuencias, no tienen ni mejores frutos ni mejores resultados  que “el que ignora la realidad”. ¿Qué ha pasado aquí?
Ha pasado que quizás ambos son ignorantes. El primero es ignorante, pues quiere ignorar la realidad y sus efectos, sea cual sea su origen. Y el otro es ignorante pues mira la realidad  representada únicamente en sus efectos en el mundo material. Una realidad muy incompleta pues desconoce las verdaderas causas que la originan. De este modo, y a pesar de querer ver la realidad, termina viendo sombras, espejismos, reflejos de una realidad que le es velada.
Así ambos ignoran la realidad, tanto como ignoran las causas y sus consecuencias.   ¿Y que podrían hacer entonces?
Pues podría sacar la vista de ahí abajo, de ahí donde habían estado buscando la realidad con sus causas y efectos sin encontrarla. Podrán sacar la vista de ese lugar del cual provenían los ruidos originados  por la caída inesperada de los efectos al tomar la forma de eventos.
Podrán entonces comenzar a elevar su  visión hacia el  lugar de origen de la realidad. Empezarán así  a ver con una visión que va más allá de las posibilidades y capacidades de sus ojos físicos, para comenzar a ver, a intuir, a visualizar, las verdaderas causas y efectos.
Cesará entonces la ignorancia disuelta ante la visión clara y distinta de lo que  está realmente transcurriendo en los planos superiores de sus existencias.
DINO DEON

 

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